miércoles, 5 de marzo de 2008

Mírala cómo se mueve

Por Antonio Ramos


Se dio la media vuelta, se le fue a los golpes, le gritó pendejo y el bato este sonreía y gritaba: si chula te ves bonita, muina te ves mejor, y ella lépero desgraciado y dando pasos hacia él y él, preciosa, chula, pero qué fierecita, con qué boquita me saliste, y ella, majadero pendejo, y él nada más hacia tras, hacia tras, bailándole, toreándola, riéndose, carcajeándose con el sol bien recio sobre la avenida y los carros, el smog, los cláxones cuando los conductores se dieron cuenta del, mami no se enoje con el chiquito, yo la consuelo, y ella, pendejo pobre diablo chingas a tu madre, y los cláxones sonaban y del otro lado de la calle algunos nos detuvimos y él para atrás, nada más para atrás, cocoreando los pasos y ella casi afónica de tanto gritarle maldiciones, y él, con ese cuerpecito que te cargas, para qué quiero amor si estas de amordidas, y para atrás, siempre para atrás y feliz, ¿qué más? feliz, el tipo con una sonrisa que daban ganas ser él y ella furibunda, casi ridícula al avanzar mientras gritaba toda clase de improperios y la cara tan colorada como el semáforo en rojo y él, no él, un dandy, un rey, con dominio de la situación, altanero, sabroso, llegador, casi riéndose ¿en nalgota ocasión nos vimos?, no me acuerdo; y en eso la gente ya se había detenido, algunos reíamos y los autos más despacio hasta que ella se detuvo, se contuvo, empezó a detenerse y el otro tipo también y luego ella empezó a llorar, se recargó en una pared, a llorar largo, tan largo como la fila de autos que se había hecho en la avenida y todos nos dimos cuenta entonces y se nos había quitado la risa y sólo nos quedaba un asco jodido como un piropo que de la nada se nos había vuelto vergüenza.
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Antonio Ramos, (Monterrey, 1977) Narrador, egresado de la carrera de Letras Españolas de la UANL. Actualmente reside en la ciudad de México.

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